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Islas Galápagos, Ecuador

Viaja a uno de los santuarios naturales más protegidos y bellos del planeta.

Islands

Islands

Aquí, en las islas Galápagos, todos son felices, son amigos y viven tranquilos. Los lobos marinos se echan sobre las playas a tomar el sol, el uno pegado del otro, como racimos de bananos. Las iguanas marinas, negras con visos rojos, se amontonan en decenas a darse calor. La una le pone la pata encima de la cara a la otra.

Los piqueros de patas azules y los albatros, entre otros pájaros, se la pasan bailando. Millones de criaturas de distintas especies –principalmente aves y reptiles- conviven en plena armonía en este paraíso. Y cuando reciben la visita de esa especie extraña que es el ser humano ni se inmutan.

Esa es una de las cosas que más sorprenden de estas islas de Ecuador -13 en total, 8.000 kilómetros cuadrados de superficie, a mil kilómetros del continente-: ver a las personas caminando en medio de estos animales salvajes. Impresiona que sean tan amigables y luzcan como joyas de un museo viviente.

Colorful Crab

Colorful Crab

Aunque las tortugas gigantes de Galápagos, que le dieron el nombre a estas islas bañadas por el océano Pacífico y las hicieron famosas en el mundo, son tímidas. Cuando una persona se acerca mucho, esconden la cabeza dentro de esos esos caparazones que parecen el capó de un carro.

Ni siquiera los tiburones se espantan, ni atacan -más adelante contaré mi experiencia nadando con un tiburón-. Sí, con un tiburón. Al contrario, posan como modelos ante sus fotógrafos y se dejan tomar fotos muy cerca de ellos.

Juan Carlos Sosa, un curtido guía naturalista ecuatoriano de 54 años –todos los guías deben ser naturalistas y certificados por el Parque Nacional Galápagos y nadie puede hacer turismo aquí sin un guía como Juan Carlos- tiene una explicación sencilla: “Todas estas criaturas no conocen al ser humano; no saben que, en otros lugares, son su principal depredador y enemigo”.